estradas perdidas

Atrás de casa, encoberta por tufos de erva daninha, silvas e bidões abandonados, o comboio de janelas iluminadas vinha das Quintãs e silvou depois do túnel em curva, em direcção a Aveiro. Ali ao lado há uma estrada, a minha primeira estrada. Mulheres e homens cruzam-na impelindo teimosamente os pedais das bicicletas. Junto à vitrine de um pronto-a-vestir lê-se "Modas Katita". De uma taberna, saem dois homens que se dirigem para duas Famel-Zundapp. Estrada perdida.

2006-01-24

O impasse lusitano

"CAVACO ES UN CASO extraordinario, como síntoma, de la irracionalidad que ha invadido a la sociedad portuguesa", afirma el filósofo José Gil. "Sin necesidad de hablar, sólo con su presencia, como si fuera un santo, las multitudes rugen ante él como si aquello fuera una procesión en rogativa o una concentración de comunistas". "Se trata de un fenómeno casi religioso", añade el autor del ensayo y éxito de ventas Portugal hoy: el miedo a existir. "Es un fenómeno irracional de masas que crea un populismo sin discurso. Como si fuera un mesías laico, Cavaco ha convencido al pueblo de que el milagro es posible".
¿Milagro? ¿Pero qué milagro? "El milagro de salir de este horrible lío en que estamos metidos sin que nada cambie, sin que hagamos sacrificios, sin que nos cueste esfuerzo, sin perder los privilegios que muchos tienen", responde Gil. El análisis del profesor de Filosofía de la Universidad de Lisboa, de 65 años, va un poco más lejos: "Estas elecciones son como una partida de ajedrez viciada antes de empezar. Ni las blancas son blancas ni las negras son negras, la reina se mueve como un alfil y los peones como una torre. Los candidatos de izquierda son el pasado; Cavaco es una gran masa de pasado. No hay una sola idea nueva para afrontar el futuro, sólo discusiones bizantinas. De lo que se deduce que el pueblo portugués ama la obstinación que no tiene y el autoritarismo. Porque Cavaco es eso: un jefe sin carisma, una persona encerrada en sí misma, que manda y sabe dónde va".
"No quisiera ser catastrofista", concluye el analista político de la revista Visão, "pero aún arrastramos los hábitos, vicios y defectos incubados por causa del salazarismo y de lo que no se hizo el 25 de Abril. Hace falta reformar el Estado, la justicia y la sanidad; acabar con el trapicheo, la picaresca y la irracionalidad de los servicios estatales. Somos incapaces de arriesgar, de creer en el futuro; es como si estuviéramos paralizados ante la inminencia de la catástrofe".
José Gil ao "El Pais"

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